
Antonio Banderas presenta un ‘Godspell’ renovado y espiritual, basado en el Evangelio de San Mateo, con mirada contemporánea y sin intención evangelizadora.
Antonio Banderas vuelve al teatro musical como director con una nueva versión de Godspell, inspirada en la adaptación previa de Emilio Aragón, pero reinterpretada desde una mirada actual y profundamente humana. El actor malagueño subraya que la obra no busca evangelizar ni adoctrinar, sino reflexionar sobre valores universales presentes en el Evangelio de San Mateo.
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“La obra no toca los dogmas de fe. Habla de amor al prójimo, humildad y perdón”, explicó Banderas en una entrevista con EFE. A su juicio, esos conceptos conectan con el presente y permiten tender puentes en un mundo marcado por la polarización y el conflicto.
La propuesta sitúa la acción en una ciudad indeterminada atravesada por la guerra. Allí, un grupo de jóvenes relata la historia de Jesús desde sus propias vivencias, en busca de esperanza y sentido. Banderas recuerda que Godspell fue el primer musical que vio con apenas 15 años en Málaga y que le impactó por su forma libre de narrar los Evangelios, cercana al espíritu del movimiento hippie y su lema de “paz y amor”.
Concebido originalmente en 1971 por John-Michael Tebelak, con música de Stephen Schwartz, el musical mantiene esa raíz, pero incorpora ahora una estética castiza y recursos escénicos que mezclan texto, música en vivo, magia, máscaras y títeres.
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Quince intérpretes dan vida a esta versión, entre ellos Aaron Cobos, Roko, Teresa Abarca y Paula Díaz, acompañados por músicos en escena. Para Banderas, la música en directo resulta irrenunciable, aunque suponga mayores costes.
El director defiende la buena salud del teatro musical en España, siempre que se preserve la calidad. Incluso plantea la necesidad de una especie de “denominación de origen” que garantice estándares artísticos. Desde el Teatro del Soho, su prioridad no es la rentabilidad, sino hacer los proyectos “como cree que deben hacerse”.
“Mi éxito hoy es disfrutar de mi profesión”, concluye Banderas, fiel a una visión del teatro como vocación antes que negocio.
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