
‘El Agente Secreto’ suma Globos de Oro y nominaciones al Óscar mientras impulsa un cine brasileño que apuesta por su identidad y conquista al público local e internacional.
El éxito de El Agente Secreto marcó un nuevo hito para el cine brasileño. La película, dirigida por Kleber Mendonça Filho, obtuvo dos Globos de Oro y cuatro nominaciones al Óscar, un logro que coloca a Brasil por segundo año consecutivo en el foco cultural internacional.
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Para Renata Almeida Magalhães, presidenta de la Academia Brasileña de Cine, este reconocimiento refleja un cambio profundo. En entrevista con EFE, afirmó que los cineastas del país están redescubriendo Brasil sin intentar copiar a Hollywood. La película, ambientada en 1977, convierte al país, sus tradiciones y su historia reciente en el centro del relato.
Magalhães sostiene que Brasil funciona como un personaje más dentro del filme. El Carnaval, las leyendas urbanas y escenarios poco conocidos construyen una narrativa que despierta curiosidad fuera del país. Esa “extrañeza”, explica, atrae al público internacional porque muestra una identidad propia, con raíces indígenas, europeas y africanas.
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El impacto también se siente a nivel local. El Agente Secreto superó los 1,5 millones de espectadores en Brasil, una cifra destacable en un mercado donde el cine nacional suele perder espacio frente a las producciones extranjeras.
Con un presupuesto cercano a los cinco millones de dólares, la película compite en premios con producciones estadounidenses mucho más costosas. Para Magalhães, este contraste demuestra que ningún país sostiene una industria audiovisual sin apoyo estatal.
La presidenta de la Academia vincula el auge actual del cine brasileño a una reacción frente a los años de recortes durante el Gobierno de Jair Bolsonaro. Asegura que ese periodo frenó la producción, pero también reforzó la necesidad de contar historias propias.
Hoy, afirma, el cine brasileño vive un momento comparable al del Cinema Novo, un movimiento que apostó por la crítica social y política. Con El Agente Secreto, Brasil confirma que puede dialogar con el mundo desde su singularidad, sin renunciar a su voz.
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