
Abelardo De la Espriella obtuvo una ajustada ventaja en Colombia, mientras el oficialismo denuncia irregularidades y pide esperar el escrutinio definitivo.
La segunda vuelta presidencial en Colombia dejó una reñida definición entre el candidato ultraderechista Abelardo De la Espriella y el dirigente de izquierda Iván Cepeda. Con más del 99,9 % de las mesas escrutadas, el aspirante de Defensores de la Patria obtuvo una ventaja sobre el oficialismo, aunque el resultado todavía genera controversias.
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El presidente Gustavo Petro denunció presuntas irregularidades y sostuvo que existen actas impugnadas que deberán ser revisadas por las autoridades electorales. Por ello, llamó a esperar el escrutinio definitivo antes de considerar cerrado el proceso.
Más de 41 millones de colombianos estuvieron habilitados para votar y el Gobierno desplegó a más de 228.000 efectivos de seguridad para resguardar las elecciones. También ordenó el cierre temporal de las fronteras para garantizar la transparencia del proceso.
La campaña estuvo atravesada por fuertes cuestionamientos. Sectores del Pacto Histórico denunciaron presiones sobre votantes, compra de sufragios y amenazas contra integrantes de la coalición oficialista.
El movimiento de Cepeda movilizó miles de fiscales, abogados y auditores para supervisar el conteo de votos y proteger las actas electorales.
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Diversos medios y dirigentes internacionales recordaron las denuncias que vinculan al candidato con supuestas relaciones con sectores paramilitares y con presuntas irregularidades empresariales en Estados Unidos.
Un grupo de once congresistas demócratas envió una carta a la Casa Blanca en la que mencionó la cercanía de De la Espriella con integrantes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), organización considerada terrorista por Washington.
Mientras Javier Milei y otros dirigentes conservadores felicitaron rápidamente al candidato de ultraderecha, el oficialismo colombiano insistió en que el único resultado válido será el que arroje el escrutinio definitivo.
La tensión política continúa y el país permanece atento al cierre formal de uno de los procesos electorales más polarizados de los últimos años.
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