
Fútbol para Todas crea espacios seguros en El Salvador para que niñas y adolescentes jueguen, conozcan sus derechos y desafíen los estereotipos de género dentro y fuera de la cancha.
En El Salvador, 30 niñas y adolescentes participan cada sábado en Fútbol para Todas, una iniciativa feminista que utiliza el deporte para promover derechos, autonomía e igualdad. El proyecto reúne a menores de distintas zonas de San Salvador y les ofrece un espacio seguro para jugar, compartir y desarrollar confianza.
La Asociación de Mujeres Ixchel impulsa esta iniciativa con apoyo económico de la fundación alemana Terre des Hommes. Su objetivo va más allá de enseñar fútbol: busca romper con la idea de que este deporte pertenece a los hombres y garantizar que las niñas también disfruten del juego como un derecho.
Edith Elizondo, integrante de la asociación, destaca que ocupar la cancha también significa defender la dignidad y el derecho de las mujeres a competir.
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Combatir la desigualdad desde la infancia
En distintas comunidades salvadoreñas, la pobreza, la violencia y los embarazos tempranos dificultan que niñas y adolescentes continúen sus estudios. En zonas rurales, muchas también asumen tareas domésticas o trabajos para contribuir a la economía familiar.
Frente a estas barreras, Fútbol para Todas promueve la solidaridad, la disciplina, el respeto y el trabajo en equipo. Las entrenadoras también acompañan a las participantes para que reconozcan sus capacidades, expresen sus opiniones y tomen decisiones con mayor autonomía.
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Ex futbolistas que abren camino a otras generaciones
Pamela Ramírez, exjugadora de la selección nacional salvadoreña, forma parte del equipo de entrenadoras. Su objetivo es ofrecer a las niñas las oportunidades y el acompañamiento que ella no tuvo durante su carrera deportiva.
Ramírez espera que las participantes puedan llegar al fútbol profesional y convertirse en referentes para otras generaciones. La iniciativa también busca ampliar su alcance a nuevas localidades.
Para sus impulsoras, cada entrenamiento representa una oportunidad para desafiar los estereotipos y fortalecer la confianza de las niñas. La cancha se convierte así en un espacio para aprender, ejercer derechos y reclamar igualdad dentro y fuera del deporte.
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