
La muerte de un enfermero destapó en Argentina las “Propofest”, fiestas clandestinas con fentanilo y propofol robados de hospitales, bajo investigación judicial.
La muerte del enfermero Eduardo Betancourt, hallado sin vida en su vivienda en Buenos Aires, reactivó una investigación que sacude al sistema sanitario argentino. Su cuerpo apareció rodeado de fentanilo y propofol, dos potentes anestésicos de uso exclusivo hospitalario, junto a jeringas e insumos médicos. 
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El caso guarda similitudes con el fallecimiento del anestesiólogo Alejandro Zalazar semanas antes, encontrado en condiciones casi idénticas. Ambos episodios encendieron las alarmas y llevaron a la justicia a investigar una posible red dedicada al robo de medicamentos en hospitales para su uso recreativo. 
Las pesquisas apuntan a que estos fármacos eran utilizados en fiestas privadas conocidas como “Propofest”, donde profesionales de la salud organizaban encuentros clandestinos con consumo de anestesia fuera de cualquier control médico.
Según la investigación, los medicamentos eran sustraídos de centros médicos y administrados mediante bombas de infusión para inducir estados de sedación extrema. En algunos casos, se designaba a una persona para asistir a los participantes ante posibles fallos respiratorios, un riesgo frecuente con estas sustancias. 
La justicia ya imputó a profesionales de la salud por el presunto desvío de estos fármacos. Además, instituciones médicas confirmaron irregularidades internas y tomaron medidas disciplinarias para evitar nuevos casos. 
Otra línea de investigación sugiere que estas fiestas podían incluir fines sexuales o experiencias conocidas como “viajes controlados”, por los que se cobraban sumas elevadas.
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El escándalo también reavivó preocupaciones sobre el control de medicamentos en hospitales, especialmente tras antecedentes recientes vinculados al uso indebido de fentanilo.
Mientras avanzan las causas judiciales, las autoridades buscan determinar el alcance real de la red y si existen más implicados. El caso ha puesto bajo escrutinio no solo a individuos, sino a todo un sistema que ahora enfrenta preguntas urgentes sobre supervisión, ética y seguridad.
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