
Un estudio de la UPV demuestra que combinar denuncias, mapas ciudadanos y redes sociales permite detectar zonas donde las mujeres se sienten inseguras aunque no existan registros policiales.
Un estudio internacional liderado por la Universitat Politècnica de València (UPV) advierte que las estadísticas policiales resultan indispensables para medir la violencia contra las mujeres, pero no reflejan toda la realidad.
La investigación, publicada en la revista Cities, analizó Valencia, Toluca, en México, y Dublín, en Irlanda. Para hacerlo, el equipo combinó registros policiales con mapas colaborativos elaborados por la ciudadanía y publicaciones en la red social X. El objetivo fue identificar espacios donde las mujeres perciben inseguridad, incluso cuando esos lugares acumulan pocas denuncias.
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Ana Belén Anquela, investigadora de la UPV y primera autora del estudio, explicó que cruzar distintas fuentes permite encontrar zonas de riesgo que los registros oficiales pueden pasar por alto.
Los mapas participativos mostraron resultados especialmente consistentes entre las tres ciudades. En ellos, las propias mujeres señalan calles, parques, estaciones y otros espacios donde experimentan miedo o inseguridad.
Eloina Coll, coautora del trabajo, señaló que los registros policiales no permiten comprender por sí solos cómo viven las mujeres la seguridad en el espacio público. Incorporar sus experiencias, sostuvo, ayuda a detectar problemas que permanecen ocultos.
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El estudio destaca el potencial de la ciencia ciudadana y la Ingeniería Geomática para identificar patrones territoriales y orientar políticas de prevención.
Los investigadores también analizaron diferencias según el momento del día y de la semana. Las redes sociales aportaron información adicional, aunque su utilidad varió según el contexto y el nivel de uso de estas plataformas.
Angel Martín, investigador de la UPV, destacó que combinar las fuentes permite construir una visión más completa de la violencia urbana y puede ayudar a desarrollar políticas públicas más eficaces.
La investigación plantea así un cambio de enfoque: no esperar a que ocurra una agresión o exista una denuncia para identificar un lugar peligroso. Las experiencias cotidianas de las mujeres también pueden convertirse en evidencia para prevenir la violencia.
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