
Expertos cambian el nombre del síndrome de ovario poliquístico para reflejar mejor sus efectos hormonales, metabólicos y mentales en millones de mujeres.
El síndrome de ovario poliquístico (SOP), una condición que afecta aproximadamente a una de cada diez mujeres en edad reproductiva, recibió oficialmente un nuevo nombre con el objetivo de mejorar su comprensión médica y reducir los diagnósticos tardíos.
A partir de ahora, expertos internacionales proponen llamarlo síndrome de ovario metabólico poliendocrino (SMPO), una denominación que busca reflejar con mayor precisión los múltiples efectos hormonales, metabólicos y reproductivos asociados a esta condición.
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La modificación fue presentada en un artículo publicado en la revista científica The Lancet y liderada por la endocrinóloga australiana Helena Teede, quien explicó que el antiguo término generaba confusión y dejaba fuera síntomas importantes.
Aunque el nombre anterior hacía referencia a los ovarios poliquísticos, muchas pacientes nunca desarrollan quistes visibles. En cambio, experimentan alteraciones hormonales, resistencia a la insulina, infertilidad, caída del cabello, aumento de vello corporal, ansiedad, depresión y mayor riesgo de diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares.
Especialistas señalaron que durante años la condición fue vista únicamente como un problema reproductivo, cuando en realidad compromete varios sistemas del organismo. La doctora Alla Vash-Margita, de la Universidad de Yale, afirmó que el nuevo nombre ayuda a desmontar mitos y a entender que el trastorno tiene implicaciones mucho más amplias para la salud física y mental.
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La Organización Mundial de la Salud estima que entre el 10 % y el 13 % de las mujeres en edad fértil viven con esta condición, aunque cerca del 70 % no sabe que la padece.
Los expertos consideran que el cambio de nombre podría impulsar diagnósticos más tempranos, aumentar la investigación científica y mejorar la cobertura médica para tratamientos especializados. Además, destacaron la necesidad de un abordaje integral que incluya ginecólogos, endocrinólogos, nutricionistas y profesionales de salud mental.
El tratamiento actual suele enfocarse en controlar síntomas mediante cambios en la alimentación, ejercicio, anticonceptivos hormonales y medicamentos para la resistencia a la insulina. También existen terapias de fertilidad para quienes desean quedar en embarazo.
La comunidad médica espera que el nuevo término contribuya a que más personas comprendan la complejidad de esta enfermedad y reciban atención adecuada sin estigmas ni desinformación.
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