
Dos congresistas de EE.UU. renuncian tras acusaciones sexuales, reavivando el debate sobre abuso de poder y reformas pendientes en el Capitolio.
Los congresistas Eric Swalwell y Tony Gonzales dimitieron esta semana tras enfrentar acusaciones de conducta sexual inapropiada, en un episodio que vuelve a poner en el centro el debate sobre abuso de poder en el Capitolio.
Ambos anunciaron su salida con pocas horas de diferencia, justo antes de que la Cámara de Representantes retomara sesiones y mientras crecía la presión bipartidista para expulsarlos.  Las acusaciones contra Swalwell incluyen señalamientos de varias mujeres por conducta inapropiada, mientras que Gonzales admitió una relación con una asistente, lo que contraviene las normas internas del Congreso. 
Otras noticias: El presidente de Brasil, Lula da Silva, sanciona una ley tipifica la violencia vicaria con hasta 40 años de prisión
El caso generó una reacción inmediata dentro del Capitolio, especialmente entre legisladoras que desde hace años denuncian la falta de controles efectivos. Figuras como Alexandria Ocasio-Cortez calificaron las renuncias como un paso importante, pero insuficiente para erradicar el problema estructural.
El impulso final llegó cuando un grupo bipartidista amenazó con forzar votaciones para expulsar a ambos legisladores, lo que aceleró su salida. 
Léase también: Trump destina más de 250 millones de dólares para pagar a los policías que arresten a migrantes
Las normas de la Cámara prohíben relaciones entre congresistas y su personal, pero los casos recientes evidencian fallas en su aplicación. Tras el movimiento #MeToo, el Congreso implementó capacitaciones obligatorias y cambios en los procesos de denuncia. Sin embargo, críticas internas sostienen que las reformas no han sido suficientes. 
Expertos y exlegisladores señalan que el problema radica en la falta de supervisión directa, ya que cada congresista gestiona su propio equipo con amplio margen de autonomía.
Además, el escándalo ocurre en un contexto de creciente presión pública por mayor transparencia y rendición de cuentas, especialmente en casos de abuso de poder.
El episodio se perfila como uno de los momentos más significativos desde el auge del movimiento #MeToo en la política estadounidense.
Aunque las dimisiones marcan un precedente, legisladores de ambos partidos coinciden en que aún queda camino por recorrer para garantizar entornos laborales seguros dentro del Congreso. La discusión ahora gira en torno a si estas salidas representan un cambio real o solo una reacción ante la presión mediática y política.
Te puede interesar: Un movimiento LGTBI de Chile pide a Kast no retroceder en derechos de la diversidad sexual










