
La llegada de Kast reabre el debate sobre religión y política en un Chile más secular, pero donde los valores tradicionales aún tienen peso.
La llegada al poder de José Antonio Kast ha reactivado el debate sobre el rol de la religión en la política chilena. A diferencia de otros líderes conservadores de la región, Kast ha mantenido una identidad católica explícita durante toda su carrera.
Su discurso, centrado en valores tradicionales como la familia y la vida, conecta con una parte del electorado, aunque también genera inquietud en sectores que temen retrocesos en derechos sociales.
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Un país que cambia su relación con la religión
Chile vive un proceso sostenido de transformación religiosa. Aunque el catolicismo sigue siendo mayoritario, su peso ha disminuido con el tiempo. En 2024, cerca del 54% de la población se identificó como católica, mientras que alrededor de un 25% declaró no tener religión. 
Además, el porcentaje de personas sin afiliación religiosa ha crecido de forma significativa en las últimas décadas, reflejando una tendencia regional hacia la secularización. 
Sin embargo, la fe no ha desaparecido del todo del espacio público. Creencias asociadas a la familia, el matrimonio o la vida siguen influyendo en la cultura y en el debate político.
Kast pertenece al movimiento católico Schoenstatt, una comunidad que promueve la formación espiritual y la vida familiar. Su postura política refleja esa base: se ha mostrado contrario al aborto, al matrimonio igualitario y a políticas de género.
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Para sus seguidores, esta coherencia representa una guía clara en tiempos de incertidumbre. Para sus críticos, abre la puerta a frenar avances en derechos reproductivos y de la comunidad LGBTQ+.
Analistas coinciden en que el impacto de su fe no necesariamente implicará cambios inmediatos en la legislación, pero sí podría influir en el ritmo de futuras reformas.
El desafío para su gobierno será equilibrar una visión valórica con una sociedad diversa, donde conviven creyentes, agnósticos y nuevas formas de espiritualidad.
La figura de Kast se suma a una ola de liderazgos conservadores en América Latina, donde la religión vuelve a tener un rol visible en la política.
En Chile, este fenómeno no ocurre en un vacío. Se da en un país donde la institucionalidad religiosa perdió influencia, pero donde la fe, como identidad cultural, sigue teniendo eco en amplios sectores. El resultado será una tensión constante entre tradición y cambio, que marcará el rumbo político y social en los próximos años.
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