Un pastor transformó su iglesia en un banco de alimentos en Mineápolis
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Un pastor convierte su iglesia en un banco de comida para los inmigrantes perseguidos en Mineápolis
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January 29, 2026
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395 palabras. 3 minutos

Un pastor convierte su iglesia en un banco de comida para los inmigrantes perseguidos en Mineápolis

Redacción Digital

Un pastor transformó su iglesia en un banco de alimentos en Mineápolis, que ya apoya a más de 16.000 familias inmigrantes afectadas por las redadas federales.

El pastor Sergio Amezcua transformó su iglesia cristiana en Mineápolis en un banco de alimentos que hoy atiende a más de 16.000 familias, en su mayoría inmigrantes afectados por las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). El templo Dios Habla Hoy, ubicado al sur de la ciudad, funciona ahora como centro de acopio, distribución de alimentos, pañales y medicamentos.

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La iniciativa nació a finales de 2025 y creció de forma acelerada tras el aumento de los operativos federales. Voluntarios se registran a diario para armar y repartir cajas de comida en distintos barrios, muchos de ellos golpeados por la detención o deportación de jefes de hogar.

“Veo madres con bebés que no saben cómo pagar la renta porque el padre fue detenido. También niños pequeños viviendo un trauma que no deberían conocer”, relata Amezcua.

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Una red diversa que supera lo religioso

Más de 4.000 voluntarios participan activamente en la iniciativa. La mayoría no pertenece a la congregación ni comparte la misma fe. Amezcua explica que los primeros en llegar fueron miembros de la comunidad LGTBIQ+, seguidos por musulmanes, ateos, hispanos y ciudadanos estadounidenses. Incluso la policía local ha colaborado en jornadas de reparto.

Las donaciones provienen de empresarios, vecinos, organizaciones civiles y figuras políticas de Minnesota y otros estados. En enero, la iglesia logró distribuir cerca de una tonelada de alimentos diarios.

Una crisis que va más allá de la política

Para el pastor, la situación ya no debe verse como un debate político, sino como una emergencia humanitaria. “La gente tiene miedo de salir. La asistencia a las iglesias cayó casi 80% y muchas personas perdieron sus trabajos”, explica.

Además del reparto de comida, la red solidaria busca recaudar fondos para alquileres y servicios básicos. “Confío en que las autoridades lleguen a acuerdos, pero mientras tanto, nuestra misión es simple: que nadie pase hambre y que nadie se sienta solo”, concluye Amezcua.

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