
La periodista Asunción Bernárdez analiza cómo la ultraderecha utiliza el miedo y la desinformación para alimentar el odio contra las mujeres, las personas migrantes y otros colectivos.
La catedrática de Periodismo Asunción Bernárdez advierte que la ultraderecha aprovecha la incertidumbre económica y social para alimentar discursos de odio contra las mujeres, las personas migrantes y otros colectivos vulnerables. En su libro La fábrica del odio. Discursos de odio y vulnerabilidad global, analiza cómo estos mensajes desvían la atención de las desigualdades y ofrecen culpables en lugar de soluciones.
Bernárdez presentó la obra durante encuentros internacionales de estudios feministas en Palencia. En una entrevista con EFE, sostuvo que la agresividad verbal ocupa cada vez más espacio en la política y la vida cotidiana, y que las palabras pueden preparar el terreno para otras formas de violencia.
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La autora identifica al feminismo como uno de los principales objetivos de esta ofensiva porque cuestiona los roles tradicionales de género. Según explica, ciertos discursos responsabilizan a las mujeres de las dificultades que enfrentan algunos hombres para establecer relaciones, en vez de promover una reflexión sobre los valores y las desigualdades sociales.
También advierte que la precariedad laboral, las dificultades para acceder a una vivienda y la incertidumbre sobre el futuro crean un terreno favorable para estos mensajes, especialmente entre los jóvenes.
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Bernárdez sitúa un punto de inflexión en la victoria electoral de Donald Trump en 2016, cuando la publicidad política segmentada y el uso de datos personales permitieron dirigir mensajes a públicos específicos según sus temores.
Las redes sociales amplifican esta estrategia porque los contenidos violentos y emocionales suelen captar más atención que aquellos que invitan a reflexionar. La autora describe una estructura organizada que combina financiación, estrategias mediáticas y desinformación.
Frente a esta expansión, Bernárdez propone fortalecer la educación democrática, el pensamiento crítico y la cooperación colectiva. Para ella, combatir el odio exige cuestionar las desigualdades que alimentan el malestar social, en lugar de culpar a quienes ya enfrentan situaciones de vulnerabilidad.
Su advertencia es clara: mientras la desigualdad persista, los discursos que convierten el miedo en odio encontrarán terreno fértil.
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