

La campaña “Podrías ser tú”, que visibiliza casos de mujeres en Chile afectadas por las carencias de las leyes que defienden el acceso al aborto, nos ubica ante un escenario en el que vale la pena preguntarse: ¿qué camino se debe tomar cuando la normativa es insuficiente?
Nada más apropiado y conveniente que una buena campaña para evidenciar esas situaciones que nadie quiere ver o que todos pretenden pasar por alto de forma intencional. En Chile, por ejemplo, algunos colectivos feministas entendieron que las leyes que permiten acceder al aborto para mujeres y personas gestantes en el país son insuficientes. Y claro, lo son porque contemplan las tres causales, pero dejan por fuera un sinnúmero de circunstancias que también podrían (y deberían) estar incluidas en la legislación que procure el cuidado de la salud de quienes se ven implicados en este tipo de situaciones. Ahora, lo anterior, importante por demás, también se convierte solo en una de las caras de la moneda: la otra cara, y no se sabe si hasta pueda ser más importante, es la que corresponde a la educación; educación para todos y todas; educación para volverse más empáticos; educación para respetar y entender las decisiones de otras personas; educación para convertirse en apoyo y no en vehículos de juzgar y señalar producto de mis propias convicciones.
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Si bien la campaña a la que se hace referencia se desarrolla en Chile, lo cierto es que el eje temático y las problemáticas que allí se presentan son la realidad de muchas mujeres y niñas en todo el mundo. Las falencias jurídicas son el pan del día en países en los que se ha avanzado y, al menos, se contemplan normativas al respecto. Lugares como el propio Chile, Colombia o Argentina suelen registrar más de 100.000 abortos clandestinos al año, pese a contar con leyes que, se supone, amparan a mujeres y niñas. ¿el motivo? No es uno solo: negligencia de las autoridades, miedo a acceder a un aborto por ser señaladas por la familia o la comunidad y, uno de los hechos más graves, atención del personal médico ofrecida sin mínimos de respeto ni empatía, marcada por las creencias y los prejuicios.
El escenario previamente señalado empeora de forma exponencial cuando se dirige la mirada a lugares en los que no se ha contemplado el acceso al aborto, ni siquiera con el atenuante de las tres causales. Allí ¿qué se debería hacer? ¿bastarán campañas? ¿manifestaciones sociales? ¿qué? y es que durante muchos años no ha servido nada por el anclaje conservador y religioso que se superpone a la salud y el cuidado de mujeres y niñas. Las preguntas (y las afectadas) son muchas y las respuestas muy pocas, por lo pronto, al menos en Chile, los colectivos se movilizan con campañas de sensibilización para dejar en evidencia esos momentos en los que ni la ley es suficiente.
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