
Guatemala pondrá fin al acuerdo con médicos cubanos tras casi tres décadas. La salida de más de 400 profesionales genera dudas sobre la atención en zonas vulnerables.
El Gobierno de Guatemala decidió poner fin al acuerdo de cooperación médica con Cuba, lo que implica la salida de más de 400 profesionales de la salud que han trabajado en el país durante casi tres décadas.
La medida, impulsada por la administración del presidente Bernardo Arévalo, marca el cierre de un programa iniciado en 1998 tras el paso del huracán Mitch. Desde entonces, la brigada médica cubana ha brindado atención en zonas rurales y comunidades con acceso limitado a servicios de salud.
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Actualmente, el contingente está conformado por 412 colaboradores, de los cuales 333 son médicos, distribuidos en al menos 16 departamentos del país. 
El Ministerio de Salud guatemalteco implementará una salida progresiva entre abril y diciembre, con el objetivo de sustituir a los profesionales cubanos por médicos locales. 
Las autoridades aseguran que el país ahora cuenta con más graduados en medicina y que esta transición permitirá fortalecer el sistema sanitario con talento nacional. Además, se han abierto convocatorias para cubrir plazas en especialidades clave como pediatría y obstetricia.
El plan también incluye incentivos para que médicos guatemaltecos trabajen en áreas de difícil acceso, donde históricamente han operado los cooperantes cubanos. 
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A pesar del optimismo oficial, la decisión ha generado preocupación entre pacientes y sectores sociales. En regiones como Alta Verapaz, Huehuetenango y San Marcos, los médicos cubanos han sido fundamentales para garantizar atención básica y especializada.
Algunos usuarios del sistema de salud temen que la salida de estos profesionales deje un vacío difícil de cubrir en el corto plazo, especialmente en comunidades rurales donde el acceso a médicos sigue siendo limitado.
Durante años, la brigada cubana atendió a cientos de pacientes diarios y realizó intervenciones médicas en hospitales públicos con recursos limitados.
El retiro marca un cambio importante en la política sanitaria de Guatemala y abre un nuevo desafío: mantener la cobertura médica sin afectar a las poblaciones más vulnerables.
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